Las botellas de nuestro catálogo se parecen bastante entre sí y solo se diferencian en pequeños detalles. Sin embargo, las probamos a fondo en humanos (es decir, en nosotros mismos) para poder transmitiros nuestra propia experiencia de uso.
Y para ponerlo a prueba a lo grande, decidimos llevarnos todo nuestro arsenal casero de botellas a un viaje de un mes por Irlanda y probarlas todas a la vez. En esta expedición a la tierra siempre verde nos acompañaron el termo Mizu, la botella Salewa Runner y las populares Nalgene On The Fly (en dos colores distintos) y Nalgene Wide Mouth. También nos hicieron compañía las clásicas botellas de plástico PET en las que comprábamos agua potable. Cada opción tiene sus pros y sus contras, pero vayamos paso a paso.
Mizu: café caliente todo el día
El primero en someterse a una auténtica prueba de fuego fue el termo Mizu. Nos esperaba un largo viaje cruzando toda Alemania hasta el puerto de Calais, por lo que una buena reserva de cafeína para el camino era imprescindible.

Llenamos el termo sobre las seis de la mañana con café hirviendo. Sin embargo, ¡el café no alcanzó una temperatura adecuada para beber hasta la mañana del día siguiente, es decir, unas 26 horas después de prepararlo! Sí, habéis leído bien: el café se mantuvo caliente todo el día en la botella.
Es verdad que íbamos en coche, por lo que la temperatura ambiente rondaba los 20 °C. Por otra parte, también dejábamos el tapón abierto para que la bebida se enfriase al menos un poco. Por eso, las siguientes raciones de café las vertimos en el termo ya a una temperatura adecuada para beber.
¿Y dónde reside su secreto? El termo Mizu cuenta con una rosca más larga en el cuello para evitar que se escape el calor. Por ello, abrirlo resulta algo más lento, pero aísla mejor y retiene la temperatura.
Salewa: más opciones, más complicaciones
Tenemos la botella de Salewa en casa desde hace mucho tiempo y su sistema de tapones no nos convence demasiado. Gracias a sus tapas intercambiables, la botella se puede abrir de diferentes formas. Sin embargo, para nosotros lo más práctico es siempre desenroscar el tapón por completo para abrirla, lo que resulta algo engorroso con tantas piezas.
El mecanismo central de la tapa se afloja de forma distinta a la rosca principal y, además, la junta de goma del cierre suele salirse con bastante frecuencia. Un detalle práctico, eso sí, es el asa integrada para transportarla con facilidad.
No tenemos dudas sobre la calidad del material, pero por las razones mencionadas acabamos relegando esta botella a reserva de agua para el perro.

Nalgene: el grosor (no) importa
Del emblemático fabricante Nalgene nos acompañaron nada menos que tres botellas. Para nosotros, la más práctica y preferida es la On The Fly con su ingenioso tapón con cierre de seguridad. Tenemos la botella en rojo y en azul, y ambas van genial. La ventaja de estas botellas es el cierre metálico de seguridad, que asegura que la bebida no se derrame. No obstante, si se os olvida enganchar el cierre, no podéis confiar al cien por cien en la junta.

La On The Fly es, además, la botella ideal para los bolsillos laterales de las mochilas. Es relativamente estrecha, por lo que no estira en exceso los elásticos de los bolsillos, pero al mismo tiempo ofrece una buena capacidad de 0,7 litros, más que suficiente para una excursión corta.
La otra representante de las botellas Nalgene en nuestro equipo es la Wide Mouth de 1 l en una bonita combinación de tres colores. La botella tiene un tapón de rosca sencillo con boca ancha.
Una gran ventaja de estas botellas es el material utilizado, Eastman Tritan™, que está libre del perjudicial BPA. Además, no retiene olores e incluso se puede verter agua caliente en ella sin miedo a dañarla. Hicimos uso de esto en repetidas ocasiones cuando preparábamos té para el camino frente a la tienda de campaña y no queríamos esperar a que se enfriara.
¿Y qué es lo mejor de estas botellas Nalgene? Que tienen tapones intercambiables entre sí, por lo que basta con cambiar la tapa para tener una boquilla también en la botella Wide Mouth. Un pequeño inconveniente de las botellas más anchas es que pueden no caber en los bolsillos laterales de algunas mochilas. Por otra parte, colocar la botella en el centro del compartimento principal evita una carga desequilibrada hacia un solo lado. Y vuestra espalda os lo agradecerá.

Se acabó la era del plástico PET
Ahora llega la pregunta más importante: ¿por qué debería comprar una botella cuando puedo beber de una botella clásica de PET? Por supuesto que podéis hacerlo, pero no es del todo saludable, ni para nosotros ni para el planeta. (¿Sabíais que una botella de PET tarda hasta 100 años en descomponerse?)
Por desgracia, nosotros no pudimos evitar comprar agua potable en envases de plástico, pero al final optamos por una solución algo más razonable. Comprábamos siempre una garrafa de cinco litros y rellenábamos nuestras propias botellas con el agua.

En Irlanda, la separación de residuos plásticos deja bastante que desear. Además, una botella de PET se limpia mal, no tolera bebidas calientes y tiende a retener olores. Por eso, al final elegimos el menor de los males y, tras volver a casa, no queremos volver a ver botellas de PET ni en pintura.
Y la ganadora es...
¿Cuál es entonces el veredicto final? La que mejor resultado nos ha dado ha sido la botella Nalgene On The Fly, que se ha ganado nuestro aprecio por su cómodo tapón y su práctico tamaño. Muy de cerca le sigue la Nalgene Wide Mouth, a la que podéis colocar la tapa de la OTF y que os recompensará con mayor capacidad. En tercer lugar se sitúa el termo Mizu, que mantiene el calor de forma excelente, aunque la manipulación de su tapón no es tan rápida. Por el contrario, la Salewa Runner no nos ha convencido demasiado, principalmente debido a su poco práctico sistema de cierre.
Consejo: Echad un vistazo también a nuestra comparativa de los materiales más habituales en botellas.
¿Tenéis experiencia con alguna de las botellas que hemos probado? Estaremos encantados de leerla en los comentarios. :-)